30 años de la muerte de Julio Cortázar – Canada dry

Hoy 12 de febrero se cumplen 30 años de la muerte de Cortázar. Para recordarlo, dejamos uno de los poemas que más nos gusta:Image

Canada dry – Julio Cortázar

Sé que me acordaré de un cielo raso
donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada. 

Sé que me acordaré del ruido
de un water en alguna habitación lejana del hotel, 
su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia.

Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines 

Serás por siempre imán de imágenes,
las más turbias y vanas me traerás con el gesto 
que en la caliente oscuridad del cuarto
era encender los cigarrillos del hartazgo, 
ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco,
Las más pequeñas turbias cosas, 
una uña lastimada que te dolía tanto, el triste
rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres. 

Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos: 
¿qué más podría darme tu recuerdo?

Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato 
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma, 
el baño está ahí al lado,
yo fumaré esperándote
empezaremos otra vez. El cielo raso 
dibuja un gato, un número, una mano cortada.

“Esa serena sombra” de Marcelo di Marco entre los 10 libros del año 2013 para Revista Coronica.

ImageLa lista completa:
  1. La raza de los nerviosos, Vlady Kociancich (Seix Barral).
  2. Un encuentro, Milan Kundera (Tusquets).
  3. Esa serena sombra -haikus de amor y de agua-,  Marcelo di Marco (800 golpes). 
  4. Cuentos reunidos, Felisberto Hernández (Eterna Cadencia).
  5. Agua clara en el Alto Amazonas, Marco Tulio Aguilera (Universidad Autónoma de Puebla).
  6. Cuerdas rotas, Alejandro Tloupakis (CODIC).
  7. Fantasmas en el parque, María Elena Walsh (Alfaguara).
  8. A ciencia incierta, Luis Cattenazzi (Interzona).
  9. Súcubo, Nicolás Correa (Wu Wei). 
  10. Moravia, Marcelo Luján (El Aleph)
 

Arlt y Güiraldes: el título de El juguete rabioso

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En 1925, Roberto Arlt publica, como adelanto de la que había imaginado como su primera gran obra, la novela La vida puerca, dos capítulos. Uno de manera fragmentaria, “El rengo”; el otro se titulaba “El poeta parroquial” y sería suprimido cuando el texto llegue a la imprenta. Las historias cuentan que el relato había sido rechazado anteriormente por Elías Castelnuovo, y que sería rebautizado a partir de la aceptación de una sugerencia del propio Güiraldes como El juguete rabioso.

Roberto Bolaño – Derivas de la pesada

Este gran hallazgo que encontramos (editado por Anagrama) es un repaso que Roberto Bolaño hace sobre la literatura argentina, desde sus comienzos hasta la actualidad. Un análisis tan lúcido que se hace indispensable para la actualidad sobre eso que sería “La literatura argentina”. 

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Es curioso que fueran unos escritores burgueses los que elevaran el Martín Fierro, de Hernández, al centro del canon de la literatura argentina. Este punto, por supuesto, es materia discutible, pero lo cierto es que el gaucho Martín Fierro, paradigma del desposeído, del valiente (pero también del matón), se alza en el centro de un canon, el canon de la literatura argentina, cada vez más enloquecido. Como poema, el Martín Fierro no es una maravilla. Como novela, en cambio, está viva, llena de significados a explorar, es decir, conserva su atmósfera de viento o más bien ventolera, sus olores a intemperie, su buena disposición para los golpes del azar. Sin embargo, es una novela de la libertad y de la mugre, no una novela sobre la educación y los buenos modales. Es una novela sobre el valor, no una novela sobre la inteligencia, mucho menos sobre la moral.

Si el Martín Fierro domina la literatura argentina y su lugar es el centro del canon, la obra de Borges, probablemente el mayor escritor que haya nacido en Latinoamérica, es sólo un paréntesis. Continue reading

Afiche Arlt: Yo no tengo la culpa.

“Y otras personas también ya me han preguntado: “¿Dígame, ese Arlt no es pseudónimo?”.
Y ustedes comprenden que no es cosa agradable andar demostrándole a la gente que una vocal y tres consonantes pueden ser un apellido.
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Yo no tengo la culpa que un señor ancestral, nacido vaya a saber en qué remota aldea de Germanía o Prusia, se llamara Arlt. No, yo no tengo la culpa.
Tampoco puedo argüir que soy pariente de William Hart, como me preguntaba una lectora que le daba por la fotogenia y sus astros; mas tampoco me agrada que le pongan sambenitos a mi apellido, y le anden buscando tres pies. ¿No es, acaso, un apellido elegante, sustancioso, digno de un conde o de un barón? ¿No es un apellido digno de figurar en chapita de bronce en una locomotora o en una de esas máquinas raras, que ostentan el agregado de “Máquina polifacética de Arlt”?

De “Yo no tengo la culpa”, de Roberto Arlt.