Miguel REP inaugura muestra de dibujos de cine en Pinamar

Quisieramos compartir el texto de invitación que puede leerse en la exposiciòn de REP en Pinamar sobre el Cine, desde el 7 de marzo en el Hotel Algeciras.

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No debe haber un claro registro sobre su primer ingreso a un cine, pero seguro que ocurrió siendo niño, en alguna sala del barrio porteño de Boedo. Los Andes, Cuyo, el Moderno o un poco más al sur el Gran San Juan eran para los ojos del pequeño unos mastodontes de cemento hoy reemplazados por mercados o templos evangélicos. Para tranquilizarnos, podríamos afirmar que detrás del ruido de las cajas registradoras o de las plegarias de un fanatismo edulcorado, fantasmas de miles de películas rebotan contra las paredes y los techos. Los ojos de Miguel denotan entusiasmo. Bueno, siempre se abrieron grandes al mismo tiempo en que las luces se apagaban para proyectar las publicidades. Pero más se iluminaban cuando el anunciado filme venía en serio. Y así se mantenían -y mantienen- hasta que el último crédito desaparece de la pantalla. Después, el autor de los dibujos se aleja pasillo arriba tarareando la música incidental. ¿Habrá sido Juan Moreira una marca en el disco rígido de Rep para que después interprete tan bien a Leonardo Favio en el papel? ¿Tendrá que ver su humor de entrecasa con las ocurrencias de Woody Allen? ¿Será la caricatura de Sandro un reflejo de aquellas películas en la tele blanco y negro donde el cantante piloteaba su lancha en el Delta? El absurdo y la desmesura, ¿Obedecerá a las lecciones de cine que dio Fellini? Conociéndolo como lo conozco, diría que sí. El tipo podría haber sido un crítico de cine, pero el dibujo lo absorbió para mejor. Osvaldo Bayer busca cosas y pone cierto orden en medio de una selva para denunciar las injusticias contra los nativos argentinos. Miguel Rep muestra a Bayer tal cual es: un hombre ya grande, de gesto germánico, dulce y pacifista en busca de igualdad. Los grandes del cine del mundo exhibieron su arte entre millones y millones de espectadores, alimentaron las arcas de los distribuidores, encantaron a los críticos para ser aplaudidos o aborrecidos. Miguel no colmó líneas con palabras, esas donde va a parar la mirada del incauto antes de pagar una entrada. Tomó lápiz, papel, y trazó ejemplos como el de un director empequeñecido por la figura del productor. Se hundió en sus recuerdos y sensibilidad, y desde su cabeza la orden bajó a su mano derecha para contar mucho en algunas líneas. De eso se trata la muestra. Pasen ahora, que quedan pocas localidades.

JORGE REPISO

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