Esa serena sombra, de Marcelo di Marco. Reseña en The barco ebrio

El sol en lanzas

Por Javier Rodríguez

Tapa Difusion Esa Serena Sombra

Imagino que Esa serena sombra (800 golpes, 2013) es una especie de continuación de El viento planea sobre la tierra (Último reino, 1983). La diferencia es que en este último libro de Marcelo di Marco no fue escrito bajo aquella calma desesperada con la que trazó ese otro libro de poemas hace 30 años. Existe, de por sí, algo: no una calma desesperada, sino un ansia. Pero un ansia ya sosegada, como un regresar a la patria, a su país natal. Lo dicen estos esplendorosos haikus:

Te espero. Calmo.
Como el silencio de este
mar que te busca.

Como un rumor
de agua que se desliza.
Así es tu voz.

Notas de tinta
en tatuajes de espuma
contra la costa.

Leve se abisma
esa serena sombra:
acecha el beso.

Y así, bajo un lúcido imaginismo, nos hace parte de su contemplación: una configuración de cristal, que se va proyectando en filos, poco a poco, partiéndose en miles de fulguraciones contra nuestros ojos. Como en este poema:

El sol en lanzas
hundiéndose en la tierra
de un mar tan último.

Reseña de Todos Felices, por Ulises Cremonte en Bazar Americano!

Un pulpo con fijador baila en el Zamba

Todos felices. Antología, compilación de Laura Meradi, Buenos Aires, 800 golpes, 2014.

El libro Todos felices de la incipiente editorial “800 golpes” reúne seis cuentos escritos en un taller de narrativa dictado por la escritora Laura Meradi. En el prólogo Meradi aclara que los relatos no respondieron a ninguna consigna previa y que “fueron juntándose por su propia verdad hasta formar esta antología. Los cuentos están ordenados como nos ordena la vida: desde la infancia hasta la adultez. Y todos los personajes atraviesan el conflicto del espacio propio dentro de la familia”.

Hay, en esta intención prospectiva, un acotamiento temático: la familia. La camionetita que aparece en la portada tiene una clara reminiscencia a la película Little Miss Sunshine. Dado que este film mostraba las conflictividades de una familia en apariencia perfecta, el título Todos Felices no disimula su ironía.

El primer relato es “Roby”, de Leticia Rivas quien utiliza la segunda persona para dar cuenta de los días de una adolescente a quien la llegada a su casa de un albañil hace que su cuerpo entre en una incomprensible efervescencia. La narración tiene un ritmo pendular, que va desde las quejas por las imposiciones familiares a ese cúmulo de sensaciones que le despierta la aparición de Rulos, ese hombre que con solo mirarla logra ponerle la piel de gallina. Hay mucho de insinuación, pero nada se concreta, y lo poco que pasa es cuando él le ofrece un cigarrillo, cuando la saluda con un beso en la mejilla y esa escena donde ella le ofrece helado sentada en la mesada de la cocina. El cuento acierta en el tratamiento del punto de vista. Al ser la mirada de una adolescente, esa insistencia por sentirse molesta con las demandas y pedidos de los padres, no termina de resultar repetitiva. El uso de la segunda persona corre el riesgo de ser siempre un poco artificioso. Este recurso suele funcionar como un comodín, que parece dotar de espesor al narrador gracias a un impostado desdoblamiento. Pero aquí, al centrarse en ese cuerpo adolescente, con algo de mujer y mucho de niña, la segunda persona tematiza, desde lo recursivo, esa dualidad.

“Las casas”, de Bárbara Sayour presenta en el inicio una serie de motivos temáticos de lo que se suele llamar costumbrismo: aroma a alcanfor, baldosas, empanadas de carne con pasas de uva, tías, cucharas que raspan platos. Pero cuando aparece la prima gorda el relato se aleja de ese comienzo poblado de lugares comunes. Los diálogos son ocurrentes, algo teatrales, sí, pero disparan una narración que se detiene en un derrumbe, literal y simbólico, aunque sin caer en el soborno de la alegoría.

“El Fuentón” de Manuela Calderone es un breve, ejercicio del uso de la metonimia. Tenemos los pies que toman el centro de la escena, pero detrás se esconde una futura noticia que Nené le tiene reservada a sus padres. Hay mucho de estructura narrativa y poco de sustancia. El final busca un golpe de efecto que no llega a conseguir por lo gastado que resulta ese truco.

Lucía Russo en “La escoba de 15” nos presenta un juego de comicidad amarga donde una madre y su hija “peinan” líneas de cocaína. El cuento yuxtapone imágenes que no suelen coincidir en el imaginario madre/hija y sin embargo no se aparta del verosímil realista. Allí su merito, aunque quizás no haya mucho más que ese juego de espejos deformados.

“Pulpo” de Leonardo Azamor relata algunas horas en la vida de Eduardo y los constantes ataques alucinatorios que padece. Aunque puede que estén interviniendo fuerzas fantásticas. En este sentido tiene mucho del cuento clásico argentino, con raíces Julio Cortázar o, más acá Samanta Schweblin. Azamor realiza un dedicado trabajo en la focalización que oscila entre Eduardo y su hija. Quizás el tono abusa de cierta solemnidad y no sería un problema, salvo porque los momentos donde se apela al humor son muy efectivos. El último párrafo maneja de manera muy sólida el suspenso y el cierre es delicado, sin estridencias, pero contundente.

El libro se concluye con “Mar Chiquita”. Estaban Caballero parece presentar una especie de stand up de la paternidad en vacaciones, donde las catástrofes cotidianas se suceden una tras otras. Al cuento parece faltarle una relectura de edición más, ya que hay peripecias que se vuelven un poco repetitivas. Pero todo pasa a un segundo plano porque nos entrega algunos momentos muy destacados. El final, en el Zamba, es uno de los puntos narrativos más altos, no solo del cuento, sino también del libro y la última escena no solo nos transporta a ese lugar, sino sobre todo a la cabeza y al cuerpo del narrador.

Todos Felices habla de la familia, sí. Pero ese motivo temático parece ser más bien el mantel sobre el que se despliegan los distintos registros narrativos donde “Roby”, “Pulpo” y “Mar Chiquita” son, definitivamente, los platos principales.

Ulises Cremonte

(Actualización julio – agosto 2014/ BazarAmericano)

Miguel REP inaugura muestra de dibujos de cine en Pinamar

Quisieramos compartir el texto de invitación que puede leerse en la exposiciòn de REP en Pinamar sobre el Cine, desde el 7 de marzo en el Hotel Algeciras.

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No debe haber un claro registro sobre su primer ingreso a un cine, pero seguro que ocurrió siendo niño, en alguna sala del barrio porteño de Boedo. Los Andes, Cuyo, el Moderno o un poco más al sur el Gran San Juan eran para los ojos del pequeño unos mastodontes de cemento hoy reemplazados por mercados o templos evangélicos. Para tranquilizarnos, podríamos afirmar que detrás del ruido de las cajas registradoras o de las plegarias de un fanatismo edulcorado, fantasmas de miles de películas rebotan contra las paredes y los techos. Los ojos de Miguel denotan entusiasmo. Bueno, siempre se abrieron grandes al mismo tiempo en que las luces se apagaban para proyectar las publicidades. Pero más se iluminaban cuando el anunciado filme venía en serio. Y así se mantenían -y mantienen- hasta que el último crédito desaparece de la pantalla. Después, el autor de los dibujos se aleja pasillo arriba tarareando la música incidental. ¿Habrá sido Juan Moreira una marca en el disco rígido de Rep para que después interprete tan bien a Leonardo Favio en el papel? ¿Tendrá que ver su humor de entrecasa con las ocurrencias de Woody Allen? ¿Será la caricatura de Sandro un reflejo de aquellas películas en la tele blanco y negro donde el cantante piloteaba su lancha en el Delta? El absurdo y la desmesura, ¿Obedecerá a las lecciones de cine que dio Fellini? Conociéndolo como lo conozco, diría que sí. El tipo podría haber sido un crítico de cine, pero el dibujo lo absorbió para mejor. Osvaldo Bayer busca cosas y pone cierto orden en medio de una selva para denunciar las injusticias contra los nativos argentinos. Miguel Rep muestra a Bayer tal cual es: un hombre ya grande, de gesto germánico, dulce y pacifista en busca de igualdad. Los grandes del cine del mundo exhibieron su arte entre millones y millones de espectadores, alimentaron las arcas de los distribuidores, encantaron a los críticos para ser aplaudidos o aborrecidos. Miguel no colmó líneas con palabras, esas donde va a parar la mirada del incauto antes de pagar una entrada. Tomó lápiz, papel, y trazó ejemplos como el de un director empequeñecido por la figura del productor. Se hundió en sus recuerdos y sensibilidad, y desde su cabeza la orden bajó a su mano derecha para contar mucho en algunas líneas. De eso se trata la muestra. Pasen ahora, que quedan pocas localidades.

JORGE REPISO

Horacio Quiroga y Vicente Batistessa

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Un día como hoy de 1937, se quitaba la vida Horacio Quiroga. En una historia digna de sus mejore cuentos: ayudado por un hombre con una enfermedad de degeneración en la piel, conocido como Vicente Batistessa y bautizado en el hospital de Clínicas como el Hombre Elefante argentino. Vicente es quién le facilitaría el cianuro que lo terminaría matando para evitarle el sufrimiento del cáncer que padecía.

Aniversario de Ricardo Güiraldes

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Hoy 13 de febrero se cumplen 124 años del nacimiento de Ricardo Güiraldes. Escritor y referente del campo literario riolplantense, que supo retratar a la inmensidad de la pampa con la convicción de consolidar la narrativa argentina.

“Me fui como quien se desangra” Don Segundo Sombra (1926)

Se lo recordará en San Antonio de Areco y subimos la imagen del programa de Victor Hugo Morales

Lee la biografìa completa.

30 años de la muerte de Julio Cortázar – Canada dry

Hoy 12 de febrero se cumplen 30 años de la muerte de Cortázar. Para recordarlo, dejamos uno de los poemas que más nos gusta:Image

Canada dry – Julio Cortázar

Sé que me acordaré de un cielo raso
donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada. 

Sé que me acordaré del ruido
de un water en alguna habitación lejana del hotel, 
su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia.

Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines 

Serás por siempre imán de imágenes,
las más turbias y vanas me traerás con el gesto 
que en la caliente oscuridad del cuarto
era encender los cigarrillos del hartazgo, 
ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco,
Las más pequeñas turbias cosas, 
una uña lastimada que te dolía tanto, el triste
rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres. 

Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos: 
¿qué más podría darme tu recuerdo?

Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato 
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma, 
el baño está ahí al lado,
yo fumaré esperándote
empezaremos otra vez. El cielo raso 
dibuja un gato, un número, una mano cortada.

Aguafuertes porteñas: Causa y sinrazón de los celos.

 

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Hay buenos muchachitos, con metejones de primera agua, que le amargan la vida a sus respectivas novias promoviendo tempestades de celos, que son realmente tormentas en vasos de agua, con lluvias de lágrimas y truenos de recriminaciones.
Generalmente las mujeres son menos celosas que los hombres. Y si son inteligentes, aun cuando sean celosas, se cuidan muy bien de descubrir tal sentimiento, porque saben que la exposición de semejante debilidad las entrega atadas de pies y manos al fulano que les sorbió el seso. De cualquier manera; el sentimiento de los celos es digno de estudio, no por los disgustos que provoca, sino por lo que revela en cuanto a psicología individual.
Puede establecerse esta regla:
Cuanto menos mujeres ha tratado un individuo, más celoso es.
La novedad del sentimiento amoroso conturba, casi asusta, y trastorna la vida de un individuo poco acostumbrado a tales descargas y cargas de emoción. La mujer llega a constituir para este sujeto un fenómeno divino, exclusivo. Se imagina que la suma de felicidad que ella suscita en él, puede proporcionársela a otro hombre; y entonces Fulano se toma la cabeza, espantado al pensar que toda “su” felicidad, está depositada en esa mujer, igual que en un banco. Ahora bien, en tiempos de crisis, ustedes saben perfectamente que los señores y señoras que tienen depósitos en instituciones bancarias, se precipitan a retirar sus depósitos, poseídos de la locura del pánico. Algo igual ocurre en el celoso. Con la diferencia que él piensa que si su “banco” quiebra, no podrá depositar su felicidad ya en ninguna parte. Siempre ocurre esta catástrofe mental con los pequeños financieros sin cancha y los pequeños enamorados sin experiencia.
Frecuentemente, también, el hombre es celoso de la mujer cuyo mecanismo psicológico no conoce. Ahora bien: para conocer el mecanismo psicológico de la mujer, hay que tratar a muchas, y no elegir precisamente a las ingenuas para enamorarse, sino a las “vivas”, las astutas y las desvergonzadas, porque ellas son fuente de enseñanzas maravillosas para un hombre sin experiencia, y le enseñan (involuntariamente, por supuesto) los mil resortes y engranajes de que “puede” componerse el alma femenina. (Conste que digo “de que puede componerse”, no de que se compone.)
Los pequeños enamorados, como los pequeños financistas, tienen en su capital de amor una sensibilidad tan prodigiosa, que hay mujeres que se desesperan de encontrarse frente a un hombre a quien quieren, pero que les atormenta la vida con sus estupideces infundadas.
Los celos constituyen un sentimiento inferior, bajuno. El hombre, cela casi siempre a la mujer que no conoce, que no ha estudiado, y que casi siempre es superior intelectualmente a él. En síntesis, el celo es la envidia al revés.

Lo más grave en la demostración de los celos es que el individuo, involuntariamente, se pone a merced de la mujer. La mujer en ese caso, puede hacer de él lo que se le antoja. Lo maneja a su voluntad. El celo (miedo de que ella lo abandone o prefiera a otro) pone de manifiesto la débil naturaleza del celoso, su pasión extrema, y su falta de discernimiento. Y un hombre inteligente, jamás le demuestra celos a una mujer, ni cuando es celoso. Se guarda prudentemente sus sentimientos; y ese acto de voluntad repetido continuamente en las relaciones con el ser que ama, termina por colocarle en un plano superior al de ella, hasta que al llegar a determinado punto de control interior, el individuo “llega a saber que puede prescindir de esa mujer el día que ella no proceda con él como es debido”.
A su vez la mujer, que es sagaz e intuitiva, termina por darse cuenta de que con una naturaleza tan sólidamente plantada no se puede jugar, y entonces las relaciones entre ambos sexos se desarrollan con una normalidad que raras veces deja algo que desear, o terminan para mejor tranquilidad de ambos.
Claro está que para saber ocultar diestramente los sentimientos subterráneos que nos sacuden, es menester un entrenamiento largo, una educación de práctica de la voluntad. Esta educación “práctica de la voluntad” es frecuentísima entre las mujeres. Todos los días nos encontramos con muchachas que han educado su voluntad y sus intereses de tal manera que envejecen a la espera de marido, en celibato rigurosamente mantenido. Se dicen: “Algún día llegará”. Y en algunos casos llega, efectivamente, el individuo que se las llevará contento y bailando para el Registro Civil, que debía denominarse “Registro de la Propiedad Femenina”.
Sólo las mujeres muy ignorantes y muy brutas son celosas. El resto, clase media, superior, por excepción alberga semejante sentimiento. Durante el noviazgo muchas mujeres aparentan ser celosas; algunas también lo son, efectivamente. Pero en aquellas que aparentan celos, descubrimos que el celo es un sentimiento cuya finalidad es demostrar amor intenso inexistente, hacia un_ bobalicón que sólo cree en el amor cuando el amor va acompañado de celos. Ciertamente, hay individuos que no creen en el afecto, si el cariño no va acompañado de comedietas vulgares, como son, en realidad, las que constituyen los celos, pues jamás resuelven nada serio.
Las señoras casadas, al cabo de media docena de años de matrimonio (algunas antes), pierden por completo los celos. Algunas, cuando barruntan que los esposos tienen aventurillas de géneros dudosos, dicen, en círculos de amigas:
-Los hombres son como los chicos grandes. Hay que dejar que se distraigan. También una no los va a tener todo el día pegados a las faldas…
Y los “chicos grandes” se divierten. Más aún, se olvidan de que un día fueron celosos…
Pero este es tema para otra oportunidad.

Verbitsky sobre Juan Gelman

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Los médicos quisieron internarlo para comenzar un tratamiento pero se negó para no cancelar el viaje a Buenos Aires donde, contra su costumbre quiso presentar su nuevo libro, Hoy. La foto fue tomada por Cristina Banegas, la más exquisita anfitriona de esta ciudad, y registra un dato trivial. Han pasado siete minutos del martes 20 de agosto de 2013. Juan me toma del hombro y me habla bajito. Lucila Pagliai nos mira pero no alcanza a escuchar el diálogo. Fue una de las redactoras de la agencia clandestina de noticias, ANCLA, y hace un par de años publicó junto con Nacho Vélez una dura edición crítica de la revista Evita Montonera, cuyo prólogo nos dio a leer en otro de los viajes de Juan. También están pero no aparecen en la foto Liliana Herrero, Mónica Muller, Horacio González y Rodolfo Alonso. Antes de irse con Mara Lamadrid, Juan me dirá con una seguridad inapelable y una sonrisa dulce: “Es la última vez que nos vemos, Perro”. Han pasado cincuenta años de la primera.

El 11 de enero, Mara avisó que “Juan es un enfermo terminal sin que se lo haya sometido a lo que la medicina produce como terminales. Juan es un terminal sin pasar por quimios, radios, cirugías. Como ni él ni yo creemos en la eternidad, impedimos conscientemente y no sólo, también ante notario, que lo sometieran a tales manejos tecnológicos. Apostamos, Juan en primera línea y por mi parte secundándolo, a que la vida tiene un fin y que lo mejor que a alguien le puede pasar es morir en su casa”. Cuando Mara le contó que me había alertado, pidió que le escribiera. Pudimos decirnos lo que pensábamos de la muerte, la suya, la mía, la de todos, de lo que cada uno significó en la vida del otro (para mí un privilegio que la hizo más rica e intensa). Es un tesoro privado, que no quiero compartir. Con una curiosidad intelectual intacta me pidió copia de la antiquísima correspondencia en la que reflexionábamos sobre nuestro destino de fósiles, mero combustible para que se abriguen y alumbren los que vienen detrás. “Estoy escribiendo sobre eso”, explicó. Las últimas líneas que me envió aún laten en la pantalla. El 19 de enero se cumplirían 25 años de su radicación en México e íbamos a brindar a distancia, porque yo fui el cómplice del amor de Juan y Mara. Pero horas después, ella nos informó que Juan había entrado en la recta final. “Es inminente, pueden ser varios días, pueden ser horas.” Le pregunté si estaba consciente. “Sí. Pero casi no tiene voz y está apagándose”. .Y el definitivo: “Perro, Juan murió hace una hora y cuarto”.

Al día siguiente se conoció uno de sus poemas más explícitos y conmovedores, “Verdad es”, que escribió el 28 de octubre. Concluye así:

“Esqueleto saqueado, pronto
no estorbará tu vista ninguna veleidad.
Aguantarás el universo desnudo”.

No mentirás

Recién ahora y lejos de Buenos Aires, puedo trastabillar estas palabras sobre él, impresionado por tamaña lucidez, que sólo se extinguió con su vida. Jamás se permitió un engaño, ni siquiera una verdad a medias. En contraste, me pareció obscena la seguidilla de por lo menos cinco artículos denigratorios que Ceferino Reato, de cut&paste fácil, se apresuró a publicar en tres diarios distintos durante la semana posterior, para ofrecer sus propios libros como modelo antagónico a la actitud de Juan. En realidad, la actitud que él atribuye a Juan. Continue reading

Short, sweet and to the point.

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Cuantas veces recibimos correos o comentarios larguísimos en facebook, que solamente ver su longitud, nos saca las ganas de leerlos. A veces sin nada que hacer, o al calor de una discusión, nos tomamos el trabajo pero recibimos la misma insatisfacción inicial: los argumentos están mezclados, la redacción es confusa, las mayúsculas son el único alivio que nos empuja a responder.

También sucede algo similar con los correos electrónicos. Un error de tipeo, un problema de puntuación, cierta dubitación molesta o una frase excesivamente larga, nos lleva al mismo problema de comunicación.

No sé por qué hace unos días recordé una recomendación que me dieron en una entrevista de trabajo, para un puesto en el que no quedé. “No nos gustó el mail que escribiste. Tenés que tomarte más trabajo al redactarlo. Somos seguidores de la idea: “short, swett and to the point”.

De más está decir que me pareció fabuloso. Corto, para que te lean. Dulce, para ser cortés sin ser agresivo ni meloso. Al punto, para comunicar exactamente lo que queremos. Algunos grande escritores ya postularon la misma idea en sus recomendaciones de escritura.

Antón Chéjov: “La brevedad es hermana del talento”.

George Bush: “El único presidente de los Estados Unidos que estuvo a punto de ser asesinado por un pretzel”.

Y el fantástico “Diccionario del Diablo” de Ambroce Beirce, que nos regala definiciones como estas:

Aburrido, adj. Dícese del que habla cuando uno quiere que escuche.

Clérigo, s. Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales.

Desobedecer, s. Celebrar con una ceremonia apropiada la madurez de una orden.

Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.