Locura y Revolución – El Astrólogo monologa

roberto arlt el astrologoEl movimiento revolucionario estallará a la misma hora en todos los pueblos de la República. Asaltaremos a los cuarteles. Comenzaremos por fusilar a todos los que puedan alborotar un poco. En la capital se lanzarán días antes algunos kilogramos de tifus exantemático y de peste bubónica. Por medio de aeroplanos y en la noche. Cada célula inmediata a la capital cortará los rieles del ferrocarril. No dejaremos entrar ni salir trenes. Dominada la cabeza, suprimido el telégrafo, fusilados los jefes, el poder es nuestro. Todo esto es una locura posible, y siempre se vive en una atmósfera de sueño y como de sonambulismo cuando se está en camino de realizar las cosas. Sin embargo, se va hacia ellas con una lentitud tan rápida que todo es sorprendente cuando se ha conseguido. Para ello es necesario sólo voluntad y dinero… Podemos organizar aparte de las células una gavilla de asesinos y de asaltantes. ¿De cuántos aeroplanos dispondrá el ejército? Pero cortados los medios de comunicación, asaltados los cuarteles, fusilados los jefes, ¿quién mueve ese mecanismo? Este es un país de bestias. Hay que fusilar. Es lo indispensable. Sólo sembrando el terror nos respetarán. El hombre es así de cobarde. Una ametralladora… ¿Cómo se organizarán las fuerzas que deben combatirnos? Suprimido el telégrafo, el teléfono, cortados los rieles… Diez hombres pueden atemorizar a una población de diez mil personas. Basta que tengan una ametralladora. Son once millones de habitantes. El norte, con los yerbales, nos respondería. Tucumán y Santiago del Estero, con los ingenios… San Juan, con los medio–comunistas…

Sólo tenemos por delante el ejército. Los cuarteles se pueden asaltar de noche. Secuestrado el pañol de armas, fusilados los jefes y ahorcados los sargentos, con diez hombres nos podemos apoderar de un cuartel de mil soldados siempre que tengamos una ametralladora. Es tan fácil eso. Y las bombas de mano, ¿dónde dejo las bombas de mano? Sólo sorpresa simultánea en todo el país, diez hombres por pueblo y la Argentina es nuestra. Los soldados son jóvenes y nos seguirán. A los cabos los ascenderemos a oficiales y tendremos el más inverosímil ejército rojo que haya conocido la América. ¿Por qué no? ¿Qué es el asalto al banco de San Martín, el asalto del hospital Rawson, el asalto de la agencia Martelli en Montevideo? Tres diarieros audaces y se terminó una ciudad.

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Reseña de Todos Felices, por Ulises Cremonte en Bazar Americano!

Un pulpo con fijador baila en el Zamba

Todos felices. Antología, compilación de Laura Meradi, Buenos Aires, 800 golpes, 2014.

El libro Todos felices de la incipiente editorial “800 golpes” reúne seis cuentos escritos en un taller de narrativa dictado por la escritora Laura Meradi. En el prólogo Meradi aclara que los relatos no respondieron a ninguna consigna previa y que “fueron juntándose por su propia verdad hasta formar esta antología. Los cuentos están ordenados como nos ordena la vida: desde la infancia hasta la adultez. Y todos los personajes atraviesan el conflicto del espacio propio dentro de la familia”.

Hay, en esta intención prospectiva, un acotamiento temático: la familia. La camionetita que aparece en la portada tiene una clara reminiscencia a la película Little Miss Sunshine. Dado que este film mostraba las conflictividades de una familia en apariencia perfecta, el título Todos Felices no disimula su ironía.

El primer relato es “Roby”, de Leticia Rivas quien utiliza la segunda persona para dar cuenta de los días de una adolescente a quien la llegada a su casa de un albañil hace que su cuerpo entre en una incomprensible efervescencia. La narración tiene un ritmo pendular, que va desde las quejas por las imposiciones familiares a ese cúmulo de sensaciones que le despierta la aparición de Rulos, ese hombre que con solo mirarla logra ponerle la piel de gallina. Hay mucho de insinuación, pero nada se concreta, y lo poco que pasa es cuando él le ofrece un cigarrillo, cuando la saluda con un beso en la mejilla y esa escena donde ella le ofrece helado sentada en la mesada de la cocina. El cuento acierta en el tratamiento del punto de vista. Al ser la mirada de una adolescente, esa insistencia por sentirse molesta con las demandas y pedidos de los padres, no termina de resultar repetitiva. El uso de la segunda persona corre el riesgo de ser siempre un poco artificioso. Este recurso suele funcionar como un comodín, que parece dotar de espesor al narrador gracias a un impostado desdoblamiento. Pero aquí, al centrarse en ese cuerpo adolescente, con algo de mujer y mucho de niña, la segunda persona tematiza, desde lo recursivo, esa dualidad.

“Las casas”, de Bárbara Sayour presenta en el inicio una serie de motivos temáticos de lo que se suele llamar costumbrismo: aroma a alcanfor, baldosas, empanadas de carne con pasas de uva, tías, cucharas que raspan platos. Pero cuando aparece la prima gorda el relato se aleja de ese comienzo poblado de lugares comunes. Los diálogos son ocurrentes, algo teatrales, sí, pero disparan una narración que se detiene en un derrumbe, literal y simbólico, aunque sin caer en el soborno de la alegoría.

“El Fuentón” de Manuela Calderone es un breve, ejercicio del uso de la metonimia. Tenemos los pies que toman el centro de la escena, pero detrás se esconde una futura noticia que Nené le tiene reservada a sus padres. Hay mucho de estructura narrativa y poco de sustancia. El final busca un golpe de efecto que no llega a conseguir por lo gastado que resulta ese truco.

Lucía Russo en “La escoba de 15” nos presenta un juego de comicidad amarga donde una madre y su hija “peinan” líneas de cocaína. El cuento yuxtapone imágenes que no suelen coincidir en el imaginario madre/hija y sin embargo no se aparta del verosímil realista. Allí su merito, aunque quizás no haya mucho más que ese juego de espejos deformados.

“Pulpo” de Leonardo Azamor relata algunas horas en la vida de Eduardo y los constantes ataques alucinatorios que padece. Aunque puede que estén interviniendo fuerzas fantásticas. En este sentido tiene mucho del cuento clásico argentino, con raíces Julio Cortázar o, más acá Samanta Schweblin. Azamor realiza un dedicado trabajo en la focalización que oscila entre Eduardo y su hija. Quizás el tono abusa de cierta solemnidad y no sería un problema, salvo porque los momentos donde se apela al humor son muy efectivos. El último párrafo maneja de manera muy sólida el suspenso y el cierre es delicado, sin estridencias, pero contundente.

El libro se concluye con “Mar Chiquita”. Estaban Caballero parece presentar una especie de stand up de la paternidad en vacaciones, donde las catástrofes cotidianas se suceden una tras otras. Al cuento parece faltarle una relectura de edición más, ya que hay peripecias que se vuelven un poco repetitivas. Pero todo pasa a un segundo plano porque nos entrega algunos momentos muy destacados. El final, en el Zamba, es uno de los puntos narrativos más altos, no solo del cuento, sino también del libro y la última escena no solo nos transporta a ese lugar, sino sobre todo a la cabeza y al cuerpo del narrador.

Todos Felices habla de la familia, sí. Pero ese motivo temático parece ser más bien el mantel sobre el que se despliegan los distintos registros narrativos donde “Roby”, “Pulpo” y “Mar Chiquita” son, definitivamente, los platos principales.

Ulises Cremonte

(Actualización julio – agosto 2014/ BazarAmericano)

La relación entre Arlt y Güiraldes

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No se sabe cómo en algún momento Arlt se convirtió en secretario del erudito y respetado autor de “Don Segundo Sombra”, Ricardo Güiraldes (1886-1927), quien lo contrató con inestimable cortesía y solidaridad para ayudar a los esmirriados bolsillos del incipiente escritor.

Una dupla por demás inexplicable: el fino y culto hacendado de San Antonio de Areco, junto al joven, eternamente despeinado, irreverente, algo harapiento, que deambulaba todas las noches por los cafetines de Flores con el manuscrito de “La vida puerca” bajo el brazo para leerla a quién lo escuchara. Paternalmente, Güiraldes leía la enrevesada prosa de su secretario y corregía aplicadamente sus errores ortográficos y eliminaba párrafos innecesarios, hasta que llega a sugerirle el cambio de título de su novela por el de “El juguete rabioso”, quitando, quizás, ese lugar de enunciación desde donde hablaba la novela de Arlt: desde la vida puerca. 

Cuenta Jitrik que la primera vez que Arlt lee ante Güiraldes y su esposa, Adelina del Carril, su novela, pide que ésta se retire porque consideraba que su grueso vocabulario heriría la fina sensibilidad de aquella mujer.

Por otra parte, Arlt se permitía hasta bromear con su maestro diciéndole: ¿Y usted cuándo se va a poner a escribir en serio? Y algo de cierto había en la expresión de Arlt: Güiraldes para todos era un verdadero faro intelectual de la época, tanto para los martinfierristas como para la incipiente élite intelectual de principio de siglo, pero su éxito y consagración con el público vendría recién con la edición de “Don Segundo Sombra” en 1926; el mismo año en el cual Arlt publica “El juguete rabioso”.

En la revista Proa (dirigida por Borges, Brandán Carffa, Pablo Rojas Paz, además del mismo Güiraldes) se publican algunos capítulos de la novela, hecho que sin la influencia de Güiraldes hubiera sido imposible para Arlt.  Sin duda que el autor de El cencerro de cristal había hallado en aquel muchacho de Flores un enorme potencial creativo y artístico, y no se equivocó. Esa novela iniciática marca una relación de transgresión intensa con la cultura, de hecho el robo a la biblioteca es uno de los pasajes más inolvidables y, como señala Piglia (uno de su más ferviente estudioso), es una metáfora casi perfecta de cómo Arlt accede a la cultura. }

Extraído de Diario Los Andres: nota completa en http://www.losandes.com.ar/notas/2013/7/28/violencia-cross-mandibula-728638.asp

Sylvia Saitta: los comienzos de Roberto Arlt

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Los comienzos no fueron fáciles para este hijo de inmigrantes, pobre y desconicido, sin más cartas de presentación que unos manuscritos mal escritos y la inmensa ambición de ser a través de la literatura. Cuando abandonó su hogar, Arlt tuvo que ganarse la vida de los más inverósímiles modos: “hice, sucesivamente, trabajos de dependiente de librería, aprendiz de hojalatero, aprendiz de pintor, mecánico y vulcanizador. He dirigido una fábrica de ladrillos; después fui, cronológicamente, corredor, director de una periodicucho y trabajador en el puerto”. Aún así, publicó el relato “Jehová”, en la Revista Popular, que dirigía junto a Juan José de Soiza Reilly en junio de 1918, y al año siguiente comenzó a escribir su primera novela, El juguete rabioso, que se publicó en 1926, por la editorial Latina después de considerarla ganadora en el Concurso Literario de prosa y verso para escritores inéditos sudamericanos.

Libro: Yo no tengo la culpa

Postal Roberto Arlt: Griselda Molina para Editorial 800 golpes.

 

Book Trailer, “Yo no tengo la culpa”, de Roberto Arlt.

Book trailer del libro “Yo no tengo la culpa”, de Roberto Arlt. Editorial 800 golpes.
Libro que aborda la autoreferencialidad de la obra arltiana.
Selección y prólogo Sylvia Saitta.
Dibujo de tapa REP,
Editorial 800 golpes y Productora 800 golpes.
Música: Milonga, de Astor Piazzolla.
http://www.editorial800golpes.wordpress.com
facebook: https://www.facebook.com/800golpes?fref=ts
Muchas gracias por compartir!

Marcelo Di Marco, nuevo autor de la editorial.

ImageAcabamos de firmar el contrato con un nuevo autor de editorial 800 golpes. Un maestro con todas las letras, Marcelo lleva publicada una obra de las más destacadas de la literatura argentina. Ganador de numerosos premios y coordinador del “Taller de corte & corrección” y el grupo de escritores de terror y fantasía “La abadía de Carfax“, últimamente ha publicado la novela “Victoria entre las sombras”

El libro que se viene son haikus de amor y de agua, titulado “Esa serena sombra”. Esperamos tenerlo en papel lo antes posible.

Cortázar sobre Arlt – Feliz día del padre

Este artículo lo encontramos en una edición de no me acuerdo qué editorial, y era algo así como el prólogo a las obras de Arlt. Lo interesante del escrito me parece, además de quién escribe, es que es como un balance de la obra de Roberto Arlt, pero un balance hecho con temor y afecto anticipado. Cortázar se pregunta, después de aceptar el encargo, si Arlt lo va a decepcionar o no, como sí lo decepcionaron otros autores de su juventud. La respuesta en las líneas que siguen.

Roberto Arlt: Apunte de relectura

         Escribo lejos de toda referencia, Arlt y yo solos en un rincón perdido de la costa pacífica. De alguna manera siempre estuvimos solos uno y otro, uno con otro; en mi juventud lo leí apasionadamente pero sin interesarme por los trabajos críticos que buscaron explicarlo después de su muerte; incluso ignoro su biografía en detalle, salvo las síntesis en las solapas de los libros y en algunas páginas de Mirta Arlt y de Raúl Larra. No se busque aquí un «estudio» sino, como prefiero, el juego de vasos comunicantes entre autor y lector, un lector que también llegó a ser autor y que cuenta entre sus nostalgias la de no haber tenido la suerte de que Arlt lo leyera, incluso con el riesgo de que le repitiera su famoso y terrible «rajá, turrito, rajá».  Continue reading

Inutilidad de los libros – Roberto Arlt

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Me escribe un lector:

“Me interesaría muchísimo que Vd. escribiera algunas notas sobre los libros que deberían leer los jóvenes, para que aprendan y se formen un concepto claro, amplio, de la existencia (no exceptuando, claro está, la experiencia propia de la vida)”.

No le pide nada el cuerpo…

No le pide nada a usted el cuerpo, querido lector. Pero, ¿en dónde vive? ¿Cree usted acaso, por un minuto, que los libros le enseñarán a formarse “un concepto claro y amplio de la existencia”? Está equivocado, amigo; equivocado hasta decir basta. Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre, créalo. No conozco un solo hombre feliz que lea.
Y tengo amigos de todas las edades.

Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído.
Leído, desgraciadamente, mucho.

Si hubiera un libro que enseñara, fíjese bien, si hubiera un libro que enseñara a formarse un concepto claro y amplio de la existencia, ese libro estaría en todas las manos, en todas las escuelas, en todas las universidades; no habría hogar que, en estante de honor, no tuviera ese libro que usted pide. ¿Se da cuenta?

No se ha dado usted cuenta todavía de que si la gente lee, es porque espera encontrar la verdad en los libros. Y lo más que puede encontrarse en un libro es la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa… esa verdad es tan chiquita… que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos.

Los libros y la verdad

Calcule usted que en Alemania se publican anualmente más o menos 10.000 libros, que abarcan todos los géneros de la especulación literaria; en París ocurre lo mismo; en Londres, ídem; en Nueva York, igual.

Piense esto:
Si cada libro contuviera una verdad, una sola verdad nueva en la superficie de la tierra, el grado de civilización moral que habrían alcanzado los hombres sería incalculable. ¿No es así? Ahora bien, piense usted que los hombres de esas naciones cultas, Alemania, Inglaterra, Francia, están actualmente discutiendo la reducción de armamentos (no confundir con supresión).

Ahora bien, sea un momento sensato usted. ¿Para qué sirve esa cultura de diez mil libros por nación, volcada anualmente sobre la cabeza de los habitantes de esas tierras? ¿Para qué sirve esa cultura, si en el año 1930, después de una guerra catastrófica como la de 1914, se discute un problema que debía causar espanto?

¿Para qué han servido los libros, puede decirme usted? Yo, con toda sinceridad, le declaro que ignoro para qué sirven los libros. Que ignoro para qué sirve la obra de un señor Ricardo Rojas, de un señor Leopoldo Lugones, de un señor Capdevilla, para circunscribirme a este país.

El escritor como operario

Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro el de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después… después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.

En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. El es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores.

Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios…

Desorientadores

La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir.

En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por un año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases.

Es el oficio, “el métier”. La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.

Concepto claro

Si usted quiere formarse “un concepto claro” de la existencia, viva.
Piense. Obre. Sea sincero. No se engañe a sí mismo. Analice. Estúdiese.

El día que se conozca a usted mismo perfectamente, acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va a encontrar nada que lo sorprenda. Todo será viejo para usted. Usted leerá por curiosidad libros y libros y siempre llegará a esa fatal palabra Terminal: “Pero sí esto lo había pensado yo, ya”. Y ningún libro podrá enseñarle nada.

Salvo los que se han escrito sobre esta última guerra. Esos documentos trágicos vale la pena conocerlos.  El resto es papel…

Roberto Arlt (Aguafuertes Porteñas) – 1930.

Prólogo a Los Lanzallamas

Queríamos subir este gran prólogo de  uno de los más importantes de la literatura argentina, por haberse convertido en una declaración de principios.Image

Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos.

Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.

Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.

Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.

Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.

Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.

Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.

Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.

Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.

En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.

De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:

“El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc.”
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.

El porvenir es triunfalmente nuestro.

Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la “Underwood”, que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.